LA IGLESIA DE VILLAREJO
DEL VALLE |
| La iglesia
de Villarejo es del tipo de San Esteban, Cuevas y Lanzahita,
debido al mismo autor. Es sencilla y su nave es de un
solo tramo cuadrado. La entrada está definida por
un arco de medio punto, con decoración de bolas
y enmarcada por un alfiz con las mismas bolas en la parte
interna y sobre el que se sitúa un pequeño
doselete para colocar una imagen.
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La torre es baja y el exterior de la iglesia
muestra los contrafuertes que contrarrestan el empuje
de las bóvedas. |
| En su interior destacan las nervaduras
góticas desplegadas en abanico y que, repetidas
en el ábside, lo separan de la nave por un amplio
arco decorado meramente con bolas. |
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Además, destacan
tres retablos que son barrocos y fueron realizados a finales
del XVIII, donde ya las molduras barrocas invaden los
elementos arquitectónicos especialmente en la zona
del tabernáculo del retablo principal que, como
los otros dos, son obra de Eugenio Álvarez, vecino
de Ávila que, entre 1703 y 1704, transformará
los retablos existentes en obras distintas que reflejan
la estética de Tomé y de la escuela de ibera.
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| En el siglo XIX serán doradas las
esculturas ylos retablos por Luis Beltrán. La parte
superior se corona con San Bartolomé, obra del
siglo XVIII como lo es también la de San Juan Bautista. |
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Un fondo pictórico paisajístico,
sobre el que destacan gruesos angelotes en la cornisa
superior, muestra en su cúspide una imagen de Cristo
destellando barrocos haces de luz. |
| El retablo se ciñe totalmente a sus proporciones
al frente de la iglesia, incluido el empaño de
la bóveda. En los retablos laterales también
están imágenes de interés, destacando
la imagen renacentista de San Sebastián. En la
sacristía está un Cristo de finales del
siglo XVI. |
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Tiene además una
singular belleza el púlpito que sustituyó
a uno de hierro más antiguo de 1652 y fue dorado
posteriormente. El actual es de madera policromada, con
un tornavoz realizado y pintado en el siglo XVIII. |
| Especial atención exige el órgano,
realizado en 1643 por los maestros Sebastián Arbegui,
Gaspar y Simón Martínez, siendo restaurado
en 1738 por Antonio Muñoz. |
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Recopilado del libro “viaje artístico
por el Valle del Tiétar” de Eduardo Blázquez
Mateos. |